Con escasos 10 años de edad, ganaba algunas monedas sacando bolsas basura de las casas en la colonia Roma, de la Ciudad de México. Debo decir que resultaba excitante vaciar la basura y encontrar algunos objetos “importantes” para un personaje de esa edad. Entre estos objetos fueron muchos los balones de cuero café, los cuales con gusto me llevaba a casa y que con gran sabiduría mi tío me enseño a parchar la vejiga de hule suave que llevaban dentro y a coser con dos agujas los gajos que se tenían que descoser para hacer la operación anterior.
Cuando el balón estaba listo, sentía yo, que botaban mucho y eran muy pesados. Además eran durísimos y mi padre me decía, eran los que se usaban en los juegos de la televisión. Una foto enorme de Pelé con un balón de éstos, termino por confirmarlo.
Yo estaba convencido que los jugadores que hacían uso de estos balones eran sin lugar a dudas unos superdotados. Los admiraba. Independientemente de mi gusto por el futbol. El comentarista Ángel Fernández gritaba: “Y asi iniciamos…..El juego del Hombre” Ahora a 35 años de distancia, en plena temporada mundialista, frecuentemente me pregunto ¿Donde quedaron esta legión de HOMBRES?
Como mexicanos nos indignamos con los clavados del holandés Arjen Robben, pero en nuestras filas tenemos también nuestros actores. En sentido literal y figurado. Y en general la gran mayoría de selecciones muestran en sus filas algunos histriones. El balón es casi un globo de helio, el protagonismo y el deseo de estar bajo los reflectores son la motivación para la mayoría de los jugadores. Tan es así que después de cada jugada buena o mala, giran la cabeza inmediatamente a mirarse en la pantalla del estadio.
La “lesión” de Neymar da Silva Santos Junior me atrevería a decir es mentira, amarillismo puro, a juzgar por la jugada que la origina. Se mira una mezcla de fragilidad con frivolidad, que bueno sería, buscarle un nombre.
Estas actitudes son copiadas por el futbol llanero, le hace daño al futbol profesional y le resta credibilidad y seriedad. Los jugadores de hoy hacen comerciales y son inflados por la publicidad y su medio favorito que es la televisión, han ido olvidando lo futbolístico. Cuando la ceremonia de los himnos, podemos ver a detalle la presentación impecable, que definitivamente no es determinante para lo futbolístico. Cuando caen en francas jugadas futboleras, gesticulan, gritan se retuercen como gusanos en comal y después la mirada a la pantalla gigante del estadio para corroborar su actuación.
Desde mi punto de vista, lo más patético, es cuando la derrota llega y lejos de reflexionar sobre lo que dejaron de hacer en el campo, rompen en llanto y esperan a que llegue ayuda tirados en alguna zona del terreno de juego.
Puedo escuchar a el maestro de la crónica Ángel Fernández cambiando su frase: “Y así iniciamos….el juego de los maniquíes”