Pareciera que pensar en un ambiente pacífico, es solo un ideal. Justificaba este afán el venezolano, Carlos Augusto León, de la siguiente manera: Porque en la paz… amor abre sus alas. Porque solo en la paz nacen los besos. Porque solo en la paz crecen los hijos y dan frutos los hombres y los arboles.
Miro a México hundido en la violencia total, el recuento de muertes por el combate al narcotráfico en el sexenio pasado revelo, una cantidad mayor a la de muchas guerras. Los Mexicanos, tal y como lo revela la historia, continuamos robándonos unos a otros, de manera hábil y sigilosa o definitivamente violenta. Secuestros, asaltos a comercios, grupos delictivos que inhiben la creación de empresas y/o trabajos. Los cristalazos a las joyerías están de moda, asaltos a taxis, la clase política repartiéndose el erario público como si fuera propio. ¿A donde va este barco-pueblo? ¡No a dar soldados para herir hermanos! ¡Ni una gota del suelo de mi tierra, para mover los tanques despiadados!
Y la práctica es generalizada, Tijuana y su masa de migrantes, abusos, robos violaciones.” La bestia” desde la frontera Sur, plaga de problemas a Chiapas Tabasco y Veracruz, y ha dado material a manos llenas para notas periodísticas, reportajes, documentales y películas. Los bonitos pueblos del Sonora verde, azotados por las bandas que trafican de ¡todo!. En la ruta hacia el desierto de Arizona. Nuestro Michoacán, ¡hay nuestro Michoacán!!! La región Tamaulipeca que le sigue de cerca en las negras estadísticas. ¡Quiero la paz porque la quiere el pueblo! / ¡Quiero la paz para escribir mis versos! ¡Quiero la paz para besar mi amada! / ¡Quiero la paz para mirar mis hijos, para verlos crecer como las plantas!
Supe del tren que sale de las manufactureras de Querétaro y que algunos vivales abordan para violar los candados de sus vagones, para cuando este tren, hace lo propio en Celaya, ya va cargado de zánganos, quienes en movimiento, abren compuertas para bajar electrodomésticos y demás productos terminados que seguramente terminaran en un mercado negro. Hacen lo propio en los vagones de granos y lo tiran en las vías de la vecina Salamanca, y manadas de gente como ratas lo recogen rápido pero cuidadosamente, para convertirlo en dinero en expendios locales.
Lo mismo le sucede al tren cuando sale de Baja California y entra a Sonora, le bajan metales reciclados de las góndolas, tirándolos a la orilla de las vías y todo un ejército de viciosos se encarga de recoger y volver a vender a recicladoras. ¡Quiero la paz que pueblan los amigos! ¡Quiero la paz, creadora y terminante! ¡Quiero la paz, la paz sin apellidos! ¡La paz que cada pueblo lleva dentro, con justicia, sin gritos y sin llanto!
¿Y el Estado Mexicano? ¿Y las tan mencionadas instituciones de este Estado Fallido?
Quienes estamos en Estados Unidos, desgraciadamente, cada vez pensamos menos en el regreso a México.