Cien Dólares


El trabajo que generan los campos agrícolas en los Estados Unidos, además de ser una labor “Que ni los negros quieren hacer” – y permítanme citar tan fatídica frase, producto de un boquiflojo Guanajuatense – desencadena toda una maquinaria que genera riqueza para muchos sectores.

Algunos trabajando la tierra, algunos otros de manera indirecta y algunos más como verdaderos parásitos dentro de esta cadena productiva. Dentro de estos últimos se encuentran los voraces “mayordomos” que aparte de tener un mejor salario por dirigir y coordinar a las cuadrillas de trabajadores, con gran astucia incluyen en su nómina a un inexistente Francisco Villa o Emiliano Zapata, para cobrar un salario adicional. ¡Total lo que sobran son nombres de próceres mexicanos!

Dignos de mención están los mercados y casas de cambio que tras una comisión, hacen efectivos los cheques de los trabajadores. Haciendo la ex-tra-or-di-na-ria labor de ahorrarles la ida al banco.

Esa tarde-noche de viernes, Chumalilla, como cariñosamente le decían, se apresuraba a salir de su labor. Era tarde y su preocupación principal era hacer efectivo el cheque que una hora antes había recibido.  Sin titubear se dirigió hacia el mercado local del pueblo para comprar una pequeña despensa y que esto sirviera de pretexto para recibir el efectivo sin pagar comisión. Dadas sus cualidades de hombre rudo y vaquero experto y solitario, era muy común que entablara conversación con cualquier persona y sobre todo si ésta era del sexo femenino. Se dio cuenta perfectamente, de que la cajera era nueva empleada y demasiado joven para tan alta responsabilidad con el dinero. Intercambio algunas frases con ella, recibió su dinero y se marchó a casa.

Llegando a casa entrego cabalmente el dinero y la despensa a la administradora de su hogar, quien inmediatamente noto que algo no estaba bien. El total del talón del cheque era por $372.00 y estaba recibiendo la despensa y $448.00, le hizo saber esto a Chumalilla.

Este se mostró sorprendido y se quedó recordando los momentos anteriores en el mercado, concluyendo que había recibido exactamente 100.00 dólares más de manos de la joven, inexperta y nerviosa cajera.

  • – Exclamo avergonzado-
  • ¡Se los van a cobrar de su sueldo! De seguro se equivocó, porque está muy nueva.
  • Mañana a primera hora iré a devolverlos.

Sin más, el viernes termino. A la mañana siguiente su mujer lo despertó temprano, con el propósito de que hiciera su buena obra, diciéndole que lo esperaba antes, en la cocina para almorzar.

Sentado en la cama Chumalilla estaba pensativo. Comenzó a vestirse lentamente, de la misma forma se lavó y se peinó. Se dirigió a la cocina y almorzó de buena gana. Al terminar se quedó haciendo la sobremesa pensando en el trabajo que tenía pendiente para ese día. Fue sacado de sus pensamientos por la voz de su esposa, que le pregunto:

  • ¿A qué hora te vas para el mercado del Pueblo?

El respondió rápidamente y de mala gana:

  • Sabes que ya se me quito lo bueno. Quédate con los cien dólares.

Y tomando su sombrero, salió al patio de la casa, donde tomo una pala y comenzó a cavar bajo los árboles, para después llenarlos de agua. Mientras lo hacía se dió cuenta que por la ventana de la cocina, su esposa lo miraba con una sonrisilla burlona.

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