Mes de Agosto, la siembra de algodón esperaba a ser cosechado en todo el Valle de Mexicali. Época de bonanza. Con nostalgia muchos recuerdan los años dorados del “oro blanco”, que trajeron prosperidad a los primeros pobladores del Valle.
Para Don Tomas Guerrero, era su oportunidad de hacerse de una buena tajada del pastel. Para tal propósito decidió comprar aquel flamante Camión International modelo 1947, nuevo. ¡Impecable!
Esa mañana Don Tomas dormía plácidamente, mientras su hijo Cleto, hacia los preparativos necesarios para trabajar el nuevo camión. Haciendo viajes, -desde lo que hoy se conoce como El Choropo- hasta el centro de Mexicali. Para su sorpresa una llanta delantera de su reciente adquisición, estaba notablemente desinflada. Y la llanta de refacción, no parecía estar mejor. Así que despertó a su papa para darle la mala noticia. Al tiempo que buscaba la solución.
Decidió llevar la llanta de refacción caminando a un rancho vecino. En ese tiempo las distancias entre los poblados eran considerables. Mientras, le pidió a su padre que fuera quitando la llanta delantera del camión. Cosa que el viejo acepto a regañadientes.
- ¿Porque me tienes que interrumpir en mi sueño?
- ¿Que no trabaje, ya lo suficiente, como para levantarme a la hora que se me venga en gana? –Protestó-
- ¡Además ya no tengo fuerzas para hacer ese trabajo!
En efecto sus primeros intentos por comenzar a aflojar las tuercas de la llanta fueron inútiles. Pero más sabe el diablo por viejo que por sabio…! Busco y encontró un enorme pedazo de metal, parte inequívoca de un rustico arado americano y lo uso como palanca.
Sorprendentemente la tuerca no cedía. Reventó en enojo. ¡Y volvió a intentar!
Esta vez con todas las fuerzas que pudo. La tuerca cedió, pero al levantarla miro azorado, que ¡había quebrado el birlo! Primero maldijo de gusto, porque le ganó la batalla, después, por el tremendo error.
Continuó con el segundo de cinco. Hizo palanca nuevamente y volvió a quebrar el segundo birlo. Maldijo mucho más.
Siguió con los demás solo para terminar quebrándolos TODOS.
A pesar del tremendo calor de aquel verano, ¡sentía que no lo calentaba ni el sol!
Entro a la casa y se preparó un tremendo jarro de café negro. El cual tomo a grandes sorbos, pero ni el placer de la bebida podían disminuir la enorme muina que sentía. Queriendo desaparecer el pedazo de metal que sirvió de palanca. Se dirigió hacia la parte trasera de su propiedad. Y lo clavo en la tierra como parte de la cerca. No se dio cuenta del regreso de su hijo. Menos aún se percató, que éste ya revisaba la incomprensible escena de la llanta. Sin proponérselo se lo encontró frente a frente.
_ ¡Papá!, quebraste todos los birlos…
_ ¡Pues estaban muy duros los cabrones! –Contesto-
_Pero, no entiendo ¿cómo hiciste eso?, si dices que, ¡no tienes fuerza!.
_ ¡Pues no! Por eso me busque un pinche palancón entre los arados viejos.
_ Papá no me digas que… ¡Papá los birlos son de rosca izquierda!
_ Pues no me dijiste ni madres.
_ ¡Ahora no voy a poder trabajar! ¿Sabes lo que eso significa?
_ ¡Sí! Que te vas a chingar toda la semana sin dinero, ¡y yo contigo!
_ A ver si así, me dejas dormir a gusto toda la pinche semana. Y ya ni me mires, ¡porque me sueñas!
Contactar al proveedor para los birlos, comprarlos y reemplazarlos, duro más de dos semanas, tiempo que se mantuvo inquieto por el sentimiento de culpa que lo acompaño. Cada mañana se levantaba temprano y mientras bebía su jarro de café se plantaba frente a la rueda mirando incrédulo lo que habia sucedido.