Algunos filósofos y pensadores universales coinciden en que el ser humano tiene, -aparte de las miles de actividades diarias con las que nos complicamos la vida- tres objetivos fundamentales en la vida.
- El primero es ser feliz. Buscar la felicidad constantemente es obligación para tener una vida plena y olvidar permanentemente el amargarle la vida a los demás.
- Tratar de dejar huella. Que alguien nos recuerde por lo que hicimos durante nuestra estancia en esta tierra, sería maravilloso.
- Aprender a amar. Parece fácil, de hecho, en estricto sentido religioso es casi una ley, “amaras a tu prójimo como a ti mismo” ¿les parece familiar?
Desde mi punto de vista, el primero es OBLIGATORIO, mientras que los otros dos, se pueden intentar y no lograrlos.
Otros más, recomiendan como ejes rectores de vida, El buscar constantemente la felicidad y el ser permanentemente agradecido.
Esto último creo yo, se nos olvida frecuentemente. Algunos ejemplos:
- Al despertar cada mañana, en lugar de sonreír, sentirnos vivos y agradecer. Vienen expresiones como:
- Maldito sol, ya estás aquí..!
- Y tener que ir a trabajar…! ¿Porque tengo que ir a trabajar?
- Estoy tan cansado…
- Si tenemos trabajo, renegamos por todo. Todo nos parece horrible conflictivo equivocado. Pero no agradecemos.
- Si tenemos hijos, desearíamos llegar a casa y que ya estén dormidos para que no nos den lata más. Y que además como por magia, se encuentren comidos, bañados y con la tarea terminada.
- Además se les recuerda a nuestros hijos permanentemente que trabajamos para ellos y por ellos es decir, nos sacrificamos. Transmitimos desilusión, cansancio menos agradecimiento.
A un amigo que es ciego y que por lógica sus dificultades diarias para realizar sus actividades, se multiplican por su condición. Se le pidió, que escribiera las cosas por las que el agradecía día con día. Para nuestra sorpresa escribió una libreta completa. Escribo algunas de las cosas de esa lista.
Agradezco, decía:
- Por la temperatura del agua de la regadera.
- Por el aroma y la textura del jabón.
- Por lo fresco de las mañanas.
- Por la amabilidad de la cajera en la tienda al empacar mis compras.
- Por el aroma del pasto recién cortado.
- Por los primeros rayos del sol en mi cara.
- Por la brisa, que repentinamente me sorprende.
- Por tener cerca a mi madre.
- Por las burbujas de la Coca-Cola en mi cara cuando la bebo.
- Por el bastón que me fue renovado por mis amigos.
- Por una toalla seca y suave.
Situaciones que todos vivimos, pero que las pensamos tan cotidianas y ordinarias que nos hemos olvidado agradecer. La única diferencia entre una persona discapacitada y cualquiera que diga no tenerla, es que la discapacidad del primero es obvia, mientras que el segundo se preocupa por que la propia no se note. Más importante aún, es dar gracias por una amistad y la tolerancia que se muestran los unos con los otros, porque finalmente todos somos luz y sombra.
Sean felices, pero inmensamente FELICES !