Fair Play


Es una expresión utilizada para denominar el comportamiento leal y sincero además de correcto en el deporte, en especial fraterno hacia el contrincante “oponente”, respetuoso ante el árbitro y correcto con los asistentes. Es un concepto sencillo pero ENORME para personas de pequeño espíritu y baja  estatura mental. Por desgracia estas características negativas fueron exhibidas por nuestros seleccionados nacionales en los pasados torneos de este verano 2015. Y teniendo la oportunidad de lavar sus carencias futbolísticas, con un gesto de lealtad, también lo echaron por la borda. Finalizando la competencia con un acontecimiento más burdo aún, como lo es la violencia física y verbal.

Su participación durante el torneo denominado Copa América, quedo de manifiesto la incapacidad y deficiencia técnica de los seleccionados al ser descalificados durante la etapa de grupos. Minimizando lo acontecido el técnico subestimo la competencia y pondero por encima de esta, la siguiente: La Copa de Oro. Si, valoramos ambos torneos por los conjuntos participantes, nos daremos cuenta que es de mayor competencia la celebrada en Sudamérica que la realizada en Norteamérica. (Baja Estatura Mental del técnico tricolor al minimizarla) Aun así, en un torneo más a la medida de esta estatura mental, se vuelve a tener un desempeño por demás, mediocre. Un primer juego ganado a Cuba que era de esperarse. Un horroroso empate a cero con Guatemala. Y un empate deprimente con sabor a derrota contra Trinidad y Tobago.

En la siguiente ronda el partido contra Costa Rica fue un juego ríspido y sin chiste. Conjugado con un error arbitral garrafal, que le pone a nuestra selección la oportunidad de mostrar el juego limpio en su máximo esplendor. Para que comentaristas “chayoteros” como lo son los de televisa, desearan el fallo del penal, dice abiertamente que estábamos efectivamente ante una arbitrariedad. Muchos esperábamos que el técnico diera la orden para aplicar el juego limpio y en última instancia el propio jugador. Ni el uno ni el otro. Se continúo avanzando en el torneo con el fantasma a cuestas, del Juego Sucio. Oportunidad desperdiciada. El juego ante Panamá solo confirmo la mano negra del partido anterior. Porque ahora fueron dos errores arbitrales. Aun así continuó el juego Sucio. Llegando a la final donde tal vez se jugó mejor pero el mal ya estaba hecho.

Para cerrar el triste capitulo y haciendo caso de su naturaleza de barrio, el técnico se enfrento a golpes con comentaristas que opinaron sobre su pobre desempeño en los torneos en un lugar público como lo es un aeropuerto. Ahora se ha hecho oficial su cese de la dirección técnica.  

 

De todo esto se desprenden varias lecciones: Una de ellas, el prácticamente nulo crecimiento del futbol mexicano, con sus técnicos siempre haciendo experimentos, con sus excesos, con sus amiguismos y compadrazgos. Convocando no a los mejores, sino a los cuates.

Dos, no tenemos claro el concepto de juego limpio. Ni tampoco nos interesa. Que mejor demostración el de tirar deliberadamente el balón hacia fuera para dar el pase tiempos extra contra Costa Rica. Aceptando lo mediocre de nuestro desempeño y dándole crédito al esfuerzo ajeno. Ante una situación espontanea la reacción puede ser equivocada, claro está. Pero con este antecedente llegar contra Panamá y repetir el error…es imperdonable!!!

Tres, es difícil aceptar la crítica, pero ante la evidencia es imposible negar las cosas que hicimos mal. Y aparte de esto, agredir a golpes a quien le hace la crítica. Es una demostración de irracionalidad y cobardía.

Al igual que los políticos los futbolistas se sienten, la mayoría de las veces, en un pedestal, inalcanzables, únicos, soñados. Necesitan de alguien que les recuerde su fragilidad humana y su pequeñez mental para aterrizarles nuevamente. ¿Sera necesario recordarles que son figuras públicas y que por lo tanto se les exige mejor comportamiento del que nos muestran? Tendremos que regresar a lo básico para explicarles que el futbol es un deporte rudo, de contacto y que por lo tanto estarán expuestos a golpes, cargas y exigencia atlética constantemente. Y que por lo tanto son innecesarias todas esas ridiculeces que hacen revolcándose como heridos de guerra. Y lo que es peor que son ejemplo para futuras generaciones y que las contaminan con sus grotescos comportamientos.

He tenido la fortuna de asistir a partidos de futbol de niños y esa contaminación se mira y se siente. Todos preocupados no por el balón y el rival, sino por el uniforme impecable y el peinado igual al del jugador de moda. Fingiendo faltas y haciendo trampa cada vez que es posible.

Recordar finalmente que se deja mejor huella con el ejemplo que con las palabras.

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