Cada día es más común escuchar la palabra cáncer. De manera particular solía decir que es la salida médica más fácil, para expresar la incapacidad de desarrollar una cura, para un padecimiento. Y es que somos testigos de una variedad de tipos de cáncer que van desde la afectación de un órgano interno, hasta el cáncer de pestañas. –lo acabo de inventar por supuesto!-
Cáncer es el nombre que se da a un conjunto de enfermedades relacionadas. En todos los tipos de cáncer, algunas de las células del cuerpo empiezan a dividirse sin detenerse y se diseminan a los tejidos del derredor.
El cáncer puede empezar casi en cualquier lugar del cuerpo humano, el cual está formado de trillones de células. Normalmente, las células humanas crecen y se dividen para formar nuevas células a medida que el cuerpo las necesita. Cuando las células normales envejecen o se dañan, mueren, y células nuevas las remplazan.
Sin embargo, en el cáncer, este proceso ordenado se descontrola. A medida que las células se hacen más y más anormales, las células viejas o dañadas sobreviven cuando deberían morir, y células nuevas se forman cuando no son necesarias. Estas células adicionales pueden dividirse sin interrupción y pueden formar masas que se llaman tumores.
Aunque el cáncer de la palabra no fuera utilizado, la más vieja descripción de la enfermedad es de Egipto y data de cerca de 3000 A.C. Se llama el Papiro de Edwin Smith y es una copia de la parte de un libro de texto Egipcio antiguo en cirugía del trauma. Describe 8 cajas de tumores o las úlceras del pecho que fueron tratadas por la cauterización con una herramienta llamada el simulacro de incendio. La descripción agrega que no hay tratamiento para la condición.
La enfermedad primero fue llamada cáncer por el médico Griego Hipócrates (460-370 A.C.). Lo consideran el “Padre del Remedio.” Hipócrates utilizó los carcinos y el carcinoma de los términos para describir tumores de formación y de úlcera-formación de la no-úlcera. El médico Romano Posterior, Celsus (28-50 A.C.) tradujo el término Griego a cáncer, la palabra Latina para el ángulo de deriva. Era Galen, otro médico Romano, que utilizó los oncos del término (Griegos para hincharse) para describir tumores. Oncos es la palabra de raíz para la oncología o el estudio de cánceres.
En realidad la historia de este mal y los aportes por cientos de hombres de ciencia, son demasiados a lo largo del tiempo. Algunos sugirieron teorías muy acertadas y otros en contraste dieron explicaciones que ahora juzgamos absurdas. Sin embargo fuera del campo de la medicina o de la ciencia, se tienen otras descripciones para este mal. Durante mis vacaciones de este verano que casi concluyen, me toco escuchar una teoría que por un momento, debo admitir, me perturbo. Pero que ahora, días más tarde he ido aceptando y dándole credibilidad y validez.
Una mujer me confiaba que su viaje en nuestro vuelo, correspondía al regreso de un funeral.
– Acabo de enviudar. Me decía.
– Mi esposo padeció cáncer los últimos 3 años. Ahora no tengo duda, ¡Es una bendita enfermedad!
Supongo que mi asombro se desbordo por mi cara, columpiándose por mis bigotes y barba porque inmediatamente se prestó a darme una explicación:
Mira… Me dijo.
Si hay algo seguro es que todos, nos vamos a morir algún día. Y si medianamente pudiéramos saber, para cuando ésto sucederá. Sería una bendición. Mucha gente se expresa al respecto de la siguiente manera: Sabemos cuándo nacemos pero no, cuando vamos a morir.
De tal suerte que cuando le diagnosticaron el cáncer a él y predijeron más o menos su tiempo restante de vida y los cuidados necesarios para hacerle ese tiempo mejor, inmediatamente nos pusimos a trabajar en muchos aspectos. Tuvo tiempo de arreglar, donar, heredar y regalar sus cosas. Tuvo tiempo para despedirse de todos quienes lo quisimos. Tuvo tiempo para darse algunos gustos que siempre había pospuesto, por alguna razón.
Durante esos 3 años jamás volvió a saber igual nuestro helado de vainilla, era más sabroso. No volvimos jamás a guardar una prenda “para una ocasión especial”. Nos hablamos con más franqueza, nos confiamos más cosas e intercambiamos nuestros secretos, muchas veces entre carcajadas. Ya no volvimos a vivir de esa manera tan acelerada, ya nunca más nos gritamos ni volvimos a discutir por idioteces.
Todo esto lo pudimos haber vivido sin el cáncer, pero solo esta enfermedad nos permitió descubrir lo fácil que es vivir en armonía.
Debo confesar que la estupidez mental que me produjo esta andanada de verdades, me duro harto rato. Para finalmente expresar: Bendito Cáncer.