Melecio


A lo largo de la historia de México, los chinos han dejado sus huellas imborrables. Los inmigrantes chinos han hecho sus contribuciones al desarrollo económico de México y al desarrollo de las relaciones amistosas entre los pueblos Chino-Mexicano. Sin embargo, en la historia de México hubo algunos periodos en que los chinos fueron maltratados, discriminados y maldecidos.

Según los archivos escritos chinos y extranjeros, los primeros contactos comerciales entre China y México datan del siglo XVI. Los galeones de Manila, llamados también como Naos de China navegaban en el Océano Pacífico ligando estrechamente China y México. Las Naos de China no sólo ayudaron a establecer las relaciones comerciales entre China y México, sino también contribuyeron a promover la amistad entre los dos pueblos y a canalizar los intercambios entre el Oriente y el Occidente, escribiendo de este modo una brillante página en la historia de las civilizaciones del mundo.

Tanto México como las Filipinas eran, a mediados del siglo XVI, colonias de España. Las Filipinas pertenecían al Virreynato de Nueva España.

 Los chinos llevaron el opio a México entrando por el puerto de Mazatlán, rápidamente se dieron cuenta que las condiciones climáticas de Sinaloa permitía el buen cultivo de esta planta; así fue como inició las primeras rutas de narco tráfico hacia los Estados Unidos por el territorio mexicano donde nazis alemanes descubrieron dichos caminos de tráfico de drogas de los chinos. Se les inventó un sinfín de defectos: haraganes, opiómanos, jugadores y vengativos que no temían cometer asesinatos. Se denunció con frecuencia su desaseo, se decía que eran fáciles transmisores de enfermedades, débiles y feos. Por ello, el que muchas mexicanas contrajeran matrimonio con chinos era algo despreciable. Hubo quienes en 1907 dijeron que las mexicanas que se casaran con hombres tan feos merecían una “paliza soberana”

Numerosos historiadores califican la matanza de Torreón (México) de 1911 como la peor masacre de ciudadanos chinos de la historia del continente americano. Sin embargo, el suceso es poco conocido en el país; las investigaciones son escasas y en los archivos de la localidad apenas hay menciones al tema.

“Es como si la matanza se olvidara durante casi un siglo”, afirma Carlos Castañón Cuadros, investigador del consejo académico del Museo Arocena de Torreón a la BBC. “Hubo un silencio cómplice de una sociedad que no quiso afrontar o reconocer que fue parte de esa violencia, y la mejor manera de abordar ese terrible suceso histórico fue no hablando de ello”, añade.

La masacre ocurrió en plena Revolución mexicana, que arrancó el 20 de noviembre de 1910. En la madrugada del 15 de mayo de 1911, 303 miembros de la comunidad china de Torreón (Coahuila, norte de México) fueron perseguidos y asesinados durante la toma de la ciudad por parte de unos 2.000 soldados del ejército de Francisco Madero.

 Uno de los peores episodios del racismo en México lo padeció la comunidad china que buscaba en el país durante y después del movimiento revolucionario oportunidades de desarrollo económico. En 1917, en la penitenciaría de Hermosillo, Sonora se apresaron más de 300 chinos sin justificación los cuales fueron torturados y en el peor de los casos asesinados por las políticas nacionalistas y racistas de los gobiernos mexicanos pos-revolucionarios. Muy cerca de ahí en el pequeño poblado de Tubutama, algunos Mexicanos se dieron a la tarea de proteger a algunos de ellos, ya nacidos en territorio Mexicano de esta xenofobia, escondiéndolos por largos periodos de tiempo en sus graneros mientras pasaban los días más amargos de la citada persecución. Este fue el destino de un hombre de origen chino, que los mexicanos lo “rebautizaron” con el nombre de Melecio.

Mucho le costó a este hombre aprenderse y repetir su nombre. Para ayudar en esta tarea los amigos lo llevaban a todas partes, haciéndolo participe en diferentes tareas y corrigiéndolo constantemente cuando pronunciaba mal. Se comprometió en matrimonio de uno de los jóvenes más connotados del pueblo, a quien muchos pobladores fueron a presentarle sus felicitaciones por tan importante suceso. La fila se hizo larga para estrechar la mano de los contrayentes.

Melecio no perdía detalle de todo cuanto acontecía.

La gran mayoría –tanto hombres como mujeres- se presentaban diciendo en voz alta su nombre, algunos se dirigían al novio con buenos deseos. Otros alababan la belleza de la novia y los más audaces ofrecían un cordial abrazo. Ante tal ceremonial Melecio se puso nervioso, cuando llego su turno se puso frente al novio saludo y mirando a la novia solo atinó a decir:

               -“¡Yo… Me-lecho…!”

                              La reacción del novio no se hizo esperar. Y tomándolo por las solapas lo levantó y le dijo:

               _”¿Tú te la hechas?…¡Que te la hechas ni que la chingada!”

Tuvieron que intervenir de inmediato los amigos aclarando que solo quiso decir su nombre, MELECIO.

El exabrupto no paso a mayores y aclaradas las cosas se continuó con el festejo.  Melecio por su parte, nunca entendió que fue lo que hizo mal. Es preciso decir que la picardía del pueblo mexicano no es comprendida ni compartida por muchas culturas del mundo. 

Al transcurrir el siglo XX la xenofobia fue desapareciendo poco a poco. Uno de los esfuerzos más intensos para eliminar los prejuicios lo encabeza Eduardo Auyón, un intelectual originario de Guangdong, China, pero que vive actualmente en Mexicali, Baja California, desde hace 52 años, ha fundado la Alianza Pro Unificación Pacífica de China en México e impulsado vehementemente la Asociación China local.

 

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