Ambigüedad


A pesar  del variado mosaico de colores, costumbres, formas y culturas que conforman al enorme país Mexicano. Existe un factor común, el Lenguaje ambigüo.

Se dice que dentro del país, existen varios Méxicos. El del norte con su opulencia y estilo de vida muy particular, digamos estilo americana. En contraste los del sur, con una marcada pobreza extrema. Los del Bajío, con grandes influencias españolas por consecuencia católicos a más no poder. Caso aparte es el chilango, dentro de él, existen otras categorías. El Chilango fresa, son los del poder y el capital. El chilango por adopción, que viene de otros estados pero que llego para quedarse. El chilango por abolengo, el que trae profundas raíces indígenas y es originario 100%. Pero independientemente de la categoría, la ambigüedad en el lenguaje prevalece.

Por ejemplo: ¿Que significa “echarle ganas”?, ¿es alguna sustancia, droga o aperitivo? ¿Es una frase trillada, una costumbre o un rito? No es fácil contestar. Pero igual se usa para incitar al desempeño. Yo pensaría, que para tener éxito en algún proyecto, se necesita de trabajo y dedicación. – La regla de las 10 000 horas- pero la mayoría nos deseamos “suerte”, que significa…… Que aparezca una Ada y te permita realizar tu proyecto de manera milagrosa.  ¡Ambigüedad pura!

“Que agarro y le digo”, bueno, si lo tomamos literal, tendríamos que estar o manipulando frases o accionando nuestra lengua con nuestras manos o algo semejante. “Es que es como yo le digo”, supone una expresión haciendo referencia a un modo de razonamiento superior, lo incomprensible es que TODOS lo tenemos. “Ora si que” frase que resulta concluyente de algún tema de discusión o un punto medio de comparación entre dos ideas. Podemos seguir agregando, ejemplos. Pero me resulta sorprendente encontrar ambigüedades hasta en los discursos Presidenciales.

Con respecto al discurso del Presidente sobre el populismo. ¿A qué se refiere realmente Enrique Peña Nieto, cuál es el mensaje que manda? ¿Realmente razonó él, o razonaron sus asesores, las implicaciones de subirlo a la tribuna de la ONU? ¿Hablaba de, por ejemplo, la filosofía política que han enarbolado varios primeros ministros de Gran Bretaña en las últimas tres décadas? ¿Alertaba sobre los gobiernos de los países nórdicos o se refería –sigo con ejemplos– a ciertos presidentes de América Latina, a quien suele decírseles así: populistas? Porque la definición de populismo en el diccionario es clara y concisa.

 

Podría estar refiriéndose a los gobiernos que gastan y gastan y se endeudan y se endeudan. Pero allí, dicho con todo respeto, estaría mordiéndose la lengua. Podría estar refiriéndose a los gobiernos que buscan manipular a las clases sociales más vulnerables a base de venderles vidrios por diamantes, pero allí (otra vez dicho con todo respeto) estaría mordiéndose la lengua nuevamente. O pisándose la cola, dicho de otra forma.

Podría estar refiriéndose a gobiernos abusivos que utilizan publicidad engañosa para simular elecciones de Estado. Pero allí tendría que voltear a ver a Chiapas, donde hasta las escuelas primarias se pintaron de verde para promocionar al partido ídem, socio del PRI y de la Presidencia.

¿O estamos, acaso, frente a una nueva definición de populismo que quedará en los diccionarios de las generaciones que vienen? Después de todo, ¡ambigüedades pues..!

Y no conforme con lo anterior el presidente tropezó de nuevo, en días recientes,  con lo de los “gobiernos opacos.”

Para concluir utilizare una frase muy común también: “Cuídense”.

 ¿De quién o de qué? ¡No sé! Pero hay que cuidarse, ya que la regla de la ambigüedad así lo dicta. Y si alguien osa darte las gracias, debes de contestar “No, ¿de qué?” Como si por lo menos, el buen deseo, ¡no existiera!

 

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