Don Memo era una persona muy apacible. De platica abierta y buen sentido del humor. Como trabajador del magisterio, decidió donar parte de su tiempo de jubilado en las instalaciones de la Sección 2 del SNTE. En baja California. Su encomienda: sacar copias fotostáticas. En estas instalaciones y como parte de un sindicato, se miran a diario situaciones de muy diversa índole. Incluyendo algunas bellaquerías. La picardía de nuestro personaje permitía que estuviera muy receptivo a todo este tipo de aconteceres.
Práctica muy frecuente era aquella en la que los maestros acudían a estas oficinas, con cualquier pretexto. Razón por la cual departían horas enteras a la libre conversación y sobre todo a las grandes comilonas, situación que provocaba improvisadas tertulias dignas de recordarse. A menudo se tornaban en conversaciones inaudibles que terminaban con estrepitosas risotadas. Momento exacto para la pantomima de Don Guillermo, quien fingía sorpresa y a la primera persona que encontraba su alcance con cierta dosis de ansia, preguntaba:
- ¿Escucho usted? Oiga, oiga….!!!
La persona en turno generalmente expresaba su confusión… (O expresábamos) porque yo también caí en tan inteligente juego.
- ¿Qué cosa? Contestábamos.
- ¡Las risas!
- ¿Qué pasa con ellas?
- Es pura risa de maestros con ¡Doble Plaza!
- Es una risa holgada, feliz, despreocupada. ¡Grande!. De personas que demuestran una inequívoca solvencia económica y cuyas preocupaciones al menos en esa área son nulas.
Era un pequeño chascarrillo, con el que se divertía, pero que encerraba gran sabiduría.
Los personajes públicos que invariablemente se sitúan en la punta de la pirámide social y por consecuencia mantienen una solvencia económica notoria, proyectan de manera inmediata esa tranquilidad. No necesariamente equivale a felicidad, pero si apuntala la frase aquella de que el dinero no lo es todo, pero como ayuda.
Llevando esta teoría al plano practico, visualizo a la clase política que en sus frecuentes reuniones, se saludan con gran estruendo, con el abrazo y la correspondiente palmada en la espalda. Completamente seguros de que el pan y algo más, están asegurados. Recién termina la liguilla del futbol mexicano y especial atención me merecía ese enorme sequito de comentaristas, que proyecta esa gran paz. Se hacen bromas ñoñas, con comentarios adulantes los unos contra los otros, en un acto irrisible de complicidad y falsa camaradería. Se intercambian comentarios del clima en un lugar u otro del territorio nacional y/o internacional. Comentan de los productos locales y las comidas y lugares de moda, a los que por supuesto no tenemos acceso la gran mayoría, pero que en franca presunción aluden los protagonistas. Siempre se refieren entre ellos como “Mi querido…” o “Mi buen…” Apuestan en micrófono abierto alguna tontería. Y ríen permanentemente.
No es rasgo particular de comentaristas de una televisora en especial, en todas, la práctica es similar. En resumen, si de esta manera se proyectan los “gatos” del cuarto poder, imaginemos los protagonistas de este cuarto poder. Los del poder judicial, que es el tercero. Los del legislativo que representan al segundo y los del ejecutivo. Es por eso que sienten vivir en un México diferente, en un ambiente distinto y distante y por consecuencia son insensibles a todo aquello que NO suceda en su séptimo cielo.
Cuánta razón tenía Don Memo. Primero, en manejarlo de manera chusca y segundo por disfrazarlo tan sutilmente para no herir susceptibilidades. Lamento profundamente no recordar sus apellidos.