Pueblo de miserables


Durante el reciente periodo vacacional de Navidad, cruzar la frontera hacia Estados Unidos desde México y viceversa, se convirtió en un acto heroico y audaz.  A ambos lados de la frontera se comentaba la voracidad de las policías locales para inventar infracciones y faltas tan grandes y tan variadas como el mundo.  En Mexicali las calles estaban atiborradas de “ofertas” con un sinfín de tenderetes y sombrajos.  Y en Caléxico el mercado de la pulga llamada Sto. Tomas, con innumerables jacales de madera y tela con sus techos altos eran sucios depósitos de mil cosas viejas, muchas inservibles, botes, botellas, harapos, costales, pero todo con un valor y en dólares!

La franquicia para cruzar mercancía del extranjero se incrementó, pero solo a gusto y criterio de los agentes aduanales en turno. Ya que también se inventan sus propias normas y reglamentos. Tramposos gariteros que se llevan su tajo, recitando sus propias leyes, de corridito y sin parar.

En alguna de esas tardes, fui testigo de lo minucioso de las revisiones que se hacen a los autos en la aduana mexicana. Un agente, lámpara en mano, tirado en el pavimento para revisar la parte baja de un auto, alteró mi estado de ánimo.  ¿Sera posible que lo que NO hacen, durante todo el año lo estén practicando ahora, conscientes de que la mayoría de la gente trae un poco más de dinero? En resumen: Se comportan como los perros, que hacen lo propio, en el sentido inverso de la garita.

Durante el largo peregrinar en la fila puede ser uno testigo, de las cosas más inverosímiles, pero que la mayoría de la gente mira con la misma tranquila indiferencia como si estuvieran viendo los tomates, los limones, los huevos, las zanahorias y los chiles en el mercado. Y ante la usencia de autoridad alguna, la gente en auto abusa y se mete a la fila, utilizando para esto la practica vil de “aventar lamina” o usando la astucia de los limpiaparabrisas que abundan al por mayor. Se colocan de manera burda y descarada frente a un auto, para que los de enfrente avancen y se abra un espacio donde pueda entrar el cliente en turno. Quien por una cómoda propina, recibe el servicio, ante la notoria frustración del auto frenado con tan tramposa maña. Se ve mucha gente vagabunda, haragana, corrillera, de vida libre y de la que no tiene asiento fijo, muchos de ellos pobres deportados. De vez en vez te encuentras ensartas de dos y tres tocando con insufrible desentono, chirimías, guitarras, trompetas, clarinetes, tarolas y tamborinos para acompañarse, siempre fuera de compás, canciones de amores o celos rabiosos.

Si se pone atención al enredado barullo, se descubrirá que van y vienen rufianes, churrulleros y matasietes, fanfarrones insolentes de cachucha volteada y tatuajes varios y lentos andares de columpio. Maestros en el ladrocinio.

Pululan los vendedores ambulantes que traen de todo linaje de niñerías y pequeñeces novedosas o de temporada, chucherías y golosinas. La gran novedad son las memorias USB para computadora con más de 2000 canciones. Quedaron fuera de mi descripción mil menudencias que venden con mucho éxito. Existen otros que entorpecen el libre tránsito con verdaderas murallas de cosas atiborradas. Sin faltar los muchos pedigüeños que con ojos bovinos recitan su pena.

Más adelante veo con asombro y cierta desesperación como bajan de los autos algunas personas, para cruzar a pie. Aun cuando frente a sus ojos, una docena de pantallas electrónicas mencionan en ambos lenguajes, que se prohíbe bajar de los autos. En la radio local el Lic. Antonio Magaña  menciona los alarmantes índices de contaminación del aire en la ciudad de Mexicali y en general en ambos Valles, provocados por la quema de pirotecnia y las fogatas, que dicho está de más: ¡también están prohibidas!

Cierta desesperación se apodera de mí al hacer un recuento rápido de nuestro presente: la narco-política, la trata de blancas, los desaparecidos, la ola de violencia que se desata en Mexicali. Los robos, los asaltos y los asesinatos en todo el país. Accidentes… !muchos!. El robo de gasolina en oleoductos, el robo del mismo combustible en franquicias de Pemex. El gobierno local y su desgobierno. Las muchas mentiras. El dólar que sube, el barril de petróleo que se deprecia. El nulo crecimiento económico. ¿Todo esto es real? ¿En todos los países del orbe suceden cosas así? ¿Porque nos empeñamos en proyectarnos hacia el mundo como un  ¡Pueblo de miserables!?

 

 

 

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